La hermana Francisca

La hermana Francisca, de 75 años, ingresa por el servicio de urgencias y de allí pasa a la Unidad de Cuidados Intensivos.
Presenta cáncer de ovario avanzado, con una masa tumoral muy grande y abundante líquido en la cavidad abdominal, lo cual le ocasiona dolor severo y dificultad para respirar. Hace cinco años, se le instaló un marcapasos. Ahora la pila del marcapasos se ha agotado y la hermana Francisca presenta, además del tumor, una arritmia cardíaca que amenaza su vida. Los médicos le proponen solucionar los dos problemas, en este orden: primero cambiar el marcapasos y luego continuar con el tratamiento del cáncer. Ella desea solamente acabar con las molestias ocasionadas por la masa y rechaza la propuesta de un marcapasos nuevo, aun cuando ello implique riesgo de muerte. Considera que su proyecto de vida está cumplido. Se practica cirugía, extirpando una gran masa tumoral de ovario y extrayendo un volumen apreciable de líquido. Con ello se controla el dolor y especialmente mejora la respiración y la comodidad de la enferma. La hermana Francisca muere ocho días después debido a una arritmia cardíaca, pues se negó sistemática­mente a aceptar un nuevo marcapasos y pidió no ser reanimada en caso de presentar paro cardíaco.

El caso presentado nos muestra cómo esta persona enferma es­cogió, de acuerdo con su médico, una manera de morir diferente a la que enfrentaría en caso de haberse instalado el marcapasos para enfrentar luego la evolución del cáncer, con o sin tratamiento.
En respuesta a su solicitud y con su consentimiento, le fue prac­ticada una cirugía de categoría terapéutica pero con un sentido estrictamente paliativo y se aceptó su rechazo a un procedimiento de índole curativa, luego de una información completa. Desde el punto de vista de los médicos tratantes y de la enferma, hubo una readecuación de las medidas asistenciales. Quizá alguien pueda decir que esta paciente tuvo un suicidio médicamente asistido o tolerado. Tal vez alguien muy dogmático pueda considerar que este caso constituye una modalidad de eutanasia denominada pa­siva, por omisión de tratamientos de soporte (el marcapasos) y de rescate vital (la reanimación cardíaca).

Veamos otro ejemplo ilustrativo de AMA. El paro cardiorres­ piratorio (PCR), si no se proporciona asistencia médica especiali­zada o por parte de personal entrenado, constituye un evento de carácter mortal. La abstención de reanimar puede justificarse en algunos casos concretos, tanto desde el punto de vista humano y científico, como desde las perspectivas ética y legal.

La perspectiva y conducta de No-Reanimación (N R) tiene ca­bida cuando clínicamente es evidente que la muerte es inevitable o cuando ha transcurrido un tiempo suficiente para el análisis y conformación del juicio médico y/o de la voluntad del paciente competente sobre las condiciones clínicas y existenciales frente al riesgo de un eventual paro cardiorrespiratorio (PCR).

Si usted presenta paro cardiorrespiratorio y los médicos res­petan sus directrices previas de no ser sometido a reanimación cardiopulmonar, se habrá cumplido la opción que denominamos readecuación de medidas asistenciales.

La readecuación de medidas asistenciales puede implicar tanto la abstención como la suspensión de medidas terapéuticas y de soporte vital. No tiene la intención de matar, sino el pro­pósito de atender de manera integral y balanceada a la persona enferma. Esta variedad de muerte medicalizada puede soportar­ se debidamente en la historia clínica, y respeta los Iineamienros concretos de la Ley 23 de 1981 que ordena al médico: no propor­cionar tratamientos injustificados.

Tomados del libro Morir Bien, Isa Fonnegra de Jaramillo, Editora. Editorial Planeta2006

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