Conocido como el ‘Doctor Muerte’, ayudó a más de 100 personas a poner fin a sus vidas.

Junio 3 de 2011

Desde el 2006, cuando finalmente fue liberado de una prisión en EE. UU. tras prometer que nunca más asistiría en el suicidio de una persona, Jack Kevorkian -más conocido como el “Doctor Muerte”- vivió sus últimos años con un bajo perfil, alejado de los medios, y confinado a una pequeña y austera residencia en Bloomfield Hills, Michigan.

Su vida terminó muy distante a la del polémico hombre que en la década de los noventa generó una polémica mundial y agitó al mundo de la medicina con su cruzada por la eutanasia y por derecho a morir dignamente.

Kevorkian, que murió este viernes a los 83 años -de causas naturales, valga aclarar-, saltó a la fama el 4 de junio de 1990 cuando convocó a los medios de comunicación en el estado de Oregón para informarles que había ayudado en el suicidio de Janet Adkins, una profesora escolar que sufría de Alzheimer.

“Mi meta -dijo entonces- es hacer de la eutanasia una experiencia positiva. Estoy tratando de sacudir al establecimiento médico para que acepte su responsabilidad, y esa responsabilidad incluye asistir a los pacientes a la hora de su muerte”.

El “Doctor Muerte”, que para ese entonces ya tenía 61 años y una carrera poco envidiable como patólogo, se comenzó a interesar por la “muerte digna” una década antes, escandalizado por el sufrimiento de los reos que eran ejecutados con la silla eléctrica o en una cámara de gas.

Tras un viaje Holanda, donde se entrevistó con médicos que desarrollaban técnicas para practicar la eutanasia, desarrolló una sencilla máquina a la que llamó el “mercitron”, y que se convertiría en el instrumento ideal para sus planes.

La máquina permitiría a los pacientes terminales auto inyectarse un sedante y luego una dosis letal de cloruro de potasio que paralizaba el corazón. De esa manera, el médico no tendría consecuencias jurídicas pues la decisión, y el acto en sí, corría por cuenta del paciente.

La muerte de Adkins fue la primera en una serie de 130 suicidios asistidos a lo largo de un período de 9 años.

Como se esperaba, el tema desató un gran debate nacional e internacional. Para muchos, como la Asociación Médica de Estados Unidos, Kevorkian era un “instrumento irresponsable de muerte” que planteaba una gran amenaza para el público. Pero otros lo veían como un santo, y fueron miles los que lo buscaron por todo el país para que los ayudara a morir.

El ‘doctor’ no aceptaba a todos sus pacientes. Primero debían demostrar que padecían de una enfermedad terminal o incurable. Y luego que estaban en su “sano juicio” antes de tomar tal decisión.

A lo largo de los años, Kevorkian fue arrestado en más de 20 ocasiones y enfrentó 6 juicios por intento de homicidio, saliendo avante en todos.

Su cruzada fue tan exitosa -en cierto sentido- que en 1997 el Estado de Oregón aprobó una ley que permitía a los médicos prescribir una dosis letal a pacientes terminales que quisieran acabar con sus vidas.

Aunque la ley de Oregón fue demanda en varias ocasiones, en el 2006 la Corte Suprema de Justicia de EE.U. dictaminó que constituía una práctica legítima.

Para Kevorkian, no obstante, la ley de Oregón no era suficiente pues el suicidio asistido seguía prohibido en los otros 49 estados y a nivel federal.

Además, no respondía a su principal interés. Si bien los médicos podían prescribir una dosis letal -o, como en su caso, proporcionar los medios para el suicidio- Kevorkian creía que la sociedad y el mundo médico debía aceptar la práctica como tal. De lo contrario, el enfermo seguiría siendo dejado a su propia suerte.

Y para desafiar al establecimiento fue más allá. En septiembre de 1998 se grabó mientras asistía en su suicidio a Thomas Youk, un hombre que sufría de la enfermedad de Lou Gehrig. En esta ocasión sin embargo, él mismo fue quien inyectó la dosis letal pues el paciente no estaba en capacidad de hacerlo. Pocos días después envió el incriminador video al programa 60 minutos, que lo hizo público el 22 de noviembre de ese año.

“Me tienen que arrestar y acusar. O ganan ellos o ganó yo. Si no lo hacen, gané yo”, le dijo desafiante a Mike Wallace, director del programa.

El video generó un gran escándalo y, por supuesto, su arresto y posterior juicio en el que esta vez si fue condenado.

“Usted tuvo la audacia de aparecer en televisión nacional para mostrarle al mundo lo que hizo y retando al Estado para que lo detuviera. Considérese por tanto detenido”, le dijo la juez Jessica Cooper, luego de sentenciarlo a entre 10 y 20 años de cárcel por homicidio en segundo grado.

Kevorkian, que luego admitiría su error y arrogancia, pasó siete años en la cárcel hasta ser liberado en el 2006.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

Conocido como el ‘Doctor Muerte’, ayudó a más de 100 personas a poner fin a sus vidas.