Conservadores contra muerte digna

Agosto 1 de 2011 Portafolio.co

Dice la sentencia de la Corte que el derecho a vivir implica el derecho a morir dignamente.

Disminuidos en su poder político y reducidas sus cuotas burocráticas, los sectores más retardatarios del Partido Conservador buscan otros medios para imponer sus dogmas y creencias para revivir en Colombia el estado confesional que sepultó la Constitución del 91. Es el caso del proyecto de reforma del Artículo 11 de la Constitución, impulsada por el presidente de ese partido para que diga que “el derecho a la vida es inviolable y recibirá igual protección desde la fecundación hasta la muerte natural”.

El objetivo principal de esa propuesta es eliminar la despenalización del aborto que hizo la Corte Constitucional en casos de embarazos que ponen en peligro la vida de la madre, malformación del feto o producto de violación. Sería un claro retroceso en materia de los derechos de las mujeres, que ha sido muy criticado y rechazado.

Pero la iniciativa tiene otro veneno que ha pasado casi desapercibido: busca eliminar los efectos de otra sentencia de la Corte que abrió la puerta al derecho de pacientes terminales de elegir una muerte digna. En la Sentencia 239 de 1997, la Corte, con ponencia del magistrado Carlos Gaviria, estableció que no habría responsabilidad penal para el médico que ayude a morir a un paciente terminal que lo ha solicitado por su propia voluntad; además, exhortó al Congreso para que “en el tiempo más breve posible y conforme a los principios constitucionales y a elementales consideraciones de humanidad, regule el tema de la muerte digna”.

El debate sobre este tema es complejo, pues incluye alternativas como cuidados paliativos, ortotanasia, eutanasia, suicidio asistido u homicidio por piedad. Hoy es aceptado por casi todo el mundo que no se debe mantener artificialmente la vida de un paciente que sobrevive conectado a tubos, respiradores y otros soportes externos; se debate un poco más el caso de inducir la muerte en personas en coma profundo sin posibilidades de recuperación, y hay más controversia sobre la petición de un paciente con plena conciencia, pero que está inmovilizado y pide que lo ayuden a morir, como el caso de Ramón Sampedro en la película Mar adentro.

La controversia de fondo es si una persona tiene el derecho a elegir libremente sobre su muerte, incluso renunciando a su derecho a vivir, en casos en que la vida que tiene ni siquiera pueda calificarse como digna. Dice la sentencia de la Corte que el derecho a vivir implica el derecho a morir dignamente, y que “el Estado no puede oponerse a la decisión del individuo que no desea seguir viviendo y solicita que le ayuden a morir, cuando sufre una enfermedad terminal que le produce dolores insoportables, incompatibles con su idea de dignidad”.

El debate tiene un claro trasfondo religioso. Para los cristianos tradicionales es un pecado grave, porque sólo Dios puede disponer de la vida, pero muchos otros comparten la visión del teólogo Hans Küng, para quien “morir con dignidad es requisito de toda ética humanitaria, porque la muerte forma parte de la vida”.

MAURICIO GABRERA G. – Consultor Privado

Conservadores contra muerte digna

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