El Buen Morir Y La Eutanasia

Dra. Isa Fonnegra de Jaramillo

La reciente adopción de la eutanasia en Holanda nos obliga a tomar conciencia de la necesidad de que cada cual se adueñe de su muerte y no delegue en los demás las decisiones que conciernen a su final. Por ello, conviene aclarar algunos puntos que con frecuencia confunden.

La eutanasia no es nueva ni es ajena a cultura alguna. El hecho de que el médico que la practique –a solicitud explícita del paciente terminal– puede no ser penalizado por ello, no la convierte en la panacea. Se trata de una opción que no es sugerencia ni obligación. La misma autonomía del ser humano que le da el derecho a solicitarla, le concede el derecho a rechazarla como alternativa en favor de una de las otras opciones.

Es una alternativa para los no creyentes o para los que elijan hacerlo –en su fuero interno-, pues la Iglesia Católica la desaprueba porque considera la vida un don divino, que sólo Dios puede retirar.

OTRAS ALTERNATIVAS

MUERTE DIGNA – Es la muerte que muchos quisieran tener. El paciente es tomado en cuenta durante todo el proceso por médicos y familiares y sus decisiones orientan el proceder médico. Quien muere está al tanto de lo que ocurre y su dolor y sus síntomas son atendidos preferiblemente en la casa y acompañado por sus seres queridos.

CUIDADOS PALIATIVOS – Es un programa interdisciplinario de asistencia integral a las necesidades físicas, emocionales, familiares y espirituales del paciente, dirigido a cuidar y aliviar y no a curar lo incurable.

EUTANASIA PASIVA – Se entiende por ello el retirar o abstenerse de iniciar procedimientos que ya no son justificables. Se mantiene toda la medicación necesaria para aliviar el dolor, los síntomas o el sufrimiento, aún si su aplicación acortase la vida.

EUTANASIA ACTIVA – Es la acción médica, generalmente en forma de inyección letal, que se aplica al paciente terminal para acabar con su vida. El paciente debe haberla solicitado consciente y expresamente y su caso debe ser terminal, irreversible, con dolor y sufrimiento insoportables e intratables.

SUICIDIO MÉDICAMENTE ASISTIDO – En este caso el paciente emplea la sustancia que le ocasionará su muerte, pero su médico se la prescribe o la facilita.

DISTANASIA – La muerte se dilata por la aplicación indiscriminada de la tecnología médica. La meta es la prolongación de la vida sin importar su calidad. El mantenimiento de un paciente terminal en una Unidad de Cuidados Intensivos es un clásico ejemplo de distanasia.

Es importante que usted:

Se forme, es decir, que asista a conferencias, lea en revistas y libros y consulte con expertos en el tema. En otras palabras, aunque le cueste trabajo por no ser un tema fácil, enfréntelo, no lo posponga.

Reflexione acerca de sus preferencias a la hora de morir: informado o no, en casa o en clínica, con familiares cerca o solo, con medicación para el dolor si llegaré a tenerlo o no, aprobando todos los procedimientos disponibles o aceptando tan sólo los que razonablemente le procuren bienestar y alivio, etc.

Converse con su familia sobre estos temas o con quienes posiblemente cuidaran de usted cuando llegue su final. Deje a un lado el miedo y los prejuicios. No es de mal agüero hablar sobre la muerte, compartir sus preferencias oportunamente es muy importante y le ahorrará muchas dudas a sus familiares.

Escriba esos deseos o consiga un documento gratuito: “Esta es mi voluntad” en la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, teléfonos 313 16 07 y 345 40 65, de Bogotá, y llénelo.

Hable con su médico y déjele conocer lo que usted ha pensado.

Tomado de la Revista Carrusel del 10 de mayo de 2002

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