El cielo brillaba como un bosque

Sin embrago, el recuerdo que resaltaba con más fuerza en mí era el de ese día importante en que Lelita salió de aquí como flotando en el agua, diluyéndose en nuestras memorias y corazones con todo su amor. Era de este recuerdo del que quería hablar, cuando el precioso candil que ella es y fue, se apagó con cuidado y ternura.

El cielo brillaba como un bosque de nomeolvides azules pero en el horizonte ya se empezaba a sospechar la imperceptible aparición de algunas rosas; el crepúsculo. Como animales de algodón, las nubes cabalgaban por el cielo. En su apartamento, en el onceavo piso, se encontraba ese ambiente de paz que habíamos todos visitado innumerables veces. En el epicentro de tanta tranquilidad, en su cuarto, se encontraba ella peinada y arreglada con su blanco vestido y en su trono: toda una sabia y cadenciosa reina. En su cuarto, flotaban en las paredes imágenes y había pequeños objetos; eran todos los ingredientes de la serenidad. Solo en historias se habría podido creer en la existencia de un ser tan tranquilo y amoroso. Había flores, había también muchas flores no solo en el cuarto sino en las miradas amorosas de cada uno de sus familiares: cada uno tenía adentro un ramo y en cada pétalo, infinitos recuerdos. De diferentes maneras estábamos todos ahí, alrededor de su cama, como planetas acompañando su sol y amándolo. Fue corto y solemne, también fue hermoso; justo la manera con la que un cuerpo armonioso y enormemente bondadoso debe apagarse. Y entonces sucedió. Y yo la imaginé subiendo esas blancas escaleras, escaleras de nubes, hechas solo para ella. Y la imaginé con ese vestido hecho de material celeste solo para ella subiendo ya sin dolor y con mucha paz.

Mientras tanto en su cuarto, nosotros mirábamos los ángeles que ella tiene en sus paredes, los mirábamos porque con ellos recibimos el mensaje. En su cuarto, uno por uno los ángeles fueron arqueando sus labios en tiernas sonrisas como pequeñas luces que se prenden. Y entonces supimos.
¿Cómo no saberlo? Que muy bien la habían recibido.
Juan

El cielo brillaba como un bosque