Hoy hace un año que murió mi madre, Gloria

Hoy hace un año que murió mi madre, Gloria. Ocurrió de forma inesperada, a consecuencia de un derrame cerebral. Pocos días antes, cuando nada hacía sospechar que nos dejaría en tan breve plazo, a colación de un programa que veíamos juntas en televisión, volvió a decirme lo que ya me había hecho saber en otras ocasiones, solo que esta vez aclaró con solemnidad que hablaba en serio: expresó su deseo de morir, algún día, cerca de los suyos, sin cables, sin agujas, sin aparatos mecánicos que se empeñen en prolongar artificialmente algo tan natural como la vida, expresó su deseo de terminar su vida cuando le llegara el momento, con dignidad.

Pero…¡AH!, no me lo dio por escrito ni lo firmó, así que no me creyeron en el hospital, o no les sirvió… la metieron y la acribillaron y la aislaron en la UCI, junto a tantos otros…

Ella me había enseñado a entender la muerte como un tránsito hacia otra forma de vida, hacia otro lugar, otro estadio quizás… algo parecido al tránsito del nacimiento. Igual que en el difícil momento de nacer es deseable un entorno cálido y apacible, donde se respire amor, en el momento de la muerte es lo que ella quería para sí y lo que yo deseaba e imploraba en el hospital para ella, es lo que ella proporcionó a su padre cuando le acompañó en su lecho de muerte y lo que yo quería proporcionarle. Se dice y se escribe que el sentido del oído es el último que se pierde. De acuerdo, no se sabe, pero… ¿y si es cierto?… Yo quería despedirme de mi madre, hablarle al oído, cogerle la mano igual que ella hizo con su padre, que su piel sintiera mi piel, que sintiera que no estaba sola… y no me dejaron, no pudo ser… el sistema tuvo el inmenso descaro de inmiscuirse en un momento que debería ser tan íntimo!, … mi madre se nos iba y yo deseaba estar junto a ella y sabía que eso era lo que ella había deseado para ese momento único, irrepetible, trascendental en nuestras vidas…, pero no, para el sistema éramos una cifra más, yo suponía una amenaza de infección… para ella y los demás…

No dudo ni por un instante que los médicos que me impedían estar con mi madre lo hacían con la mejor de sus intenciones, pero sí creo que se han convertido en piezas de un enorme sistema, donde se ha perdido el punto de enfoque.

Afortunadamente en este sistema sanitario nuestro pululan personas que no han perdido de vista que allí se trabaja para personas completas, compuestas de mucho más que de lo puramente físico, que entienden que la vida es mucho más…, gracias a ellos, a pesar del sistema, pude pasar algunos instantes robados y preciosos con mi madre, los últimos, pude susurrarle al oído, muy cerca, palabras de amor, tranquilizadoras, que no eran de despedida sino de hasta pronto… pero pudo ser mejor, debió ser mejor.

Igual que hasta hace poco tiempo a los neonatos con problemas en los hospitales se les aislaba hasta de sus padres “por temor a los gérmenes” y ahora se va admitiendo que el contacto con aquellos, piel con piel, no solo no es perjudicial si no que acelera su recuperación, igual que eso, espero y deseo, reclamo y reivindico que sea tenida en cuenta la intimidad que este momento requiere, la dignidad que se merece, la posibilidad de estar junto al moribundo, que a mí y a tantos otros se nos ha negado..

Ruego sean tenidas en cuenta mis palabras, que sin duda expresan también los sentimientos de otros que callan, y se realicen los cambios oportunos para que el que está muriendo en la UCI pueda hacerlo en compañía de los suyos.

Atentamente:
Carolina

Hoy hace un año que murió mi madre, Gloria