Gustavo Augusto Sanchez Vinasco

No han pasado más de 4 meses desde su partida y si algo seguro tuvimos siempre en casa fue el constante deseo de mi padre GUSTAVO AUGUSTO SANCHEZ VINASCO sobre la manera como pretendía terminar sus días, constantemente nos lo indicó: “ No quiero que me dejen “pegado” a una máquina, ni vayan a permitir que me llenen de tubos, cables o agujas…” pese a que así lo dispuso en sus manifestaciones, y a que nos ilustró en este tema por más de 20 años, llegando incluso a difundir los textos de la fundación, al final nos vimos obligados a enfrentar vehementemente la ignorancia, crueldad (en buen sentido) y absoluto desconocimiento sobre estos temas por parte del personal médico y paramédico que asistió los últimos días de vida de nuestro padre.

Una cirugía de colon para retirar un nódulo lo debilito en forma seria, superado este mal, quedo bajo de defensas y a los pocos meses regresa de urgencias a la clínica por una agresiva infección pulmonar.

La primera acción que invocaron fue entubar para auxiliarlo en tal apremio y lo ubican en UCI, pensamos que era la mejor opción, pero nunca nos expresaron lo que seguiría; con los días lograron estabilizarlo, y es precisamente en esos momentos donde los médicos debieron mostrar su parte humana y explicarnos los extremos de su intervención, lo cual no aconteció, por el contrario, cada paso que daban era un procedimiento más y más invasivo. Hasta llegar al punto máximo de la intolerancia y de lo que nuestras fuerzas y las de nuestro padre podían soportar; luego de dos retiros, nuestro papá queda entubado con doble árbol a diferente presión, un neumotórax que no cerraba natural ni quirúrgicamente debido a la presión mecánica a la que lo sometieron; en límite para una diálisis, hipertensión pulmonar, alimentación nasogástrica, ritmo cardiaco lento, poca sedación para que sus pulmones reaccionaran, casi consciente, y ante su desespero: Amarrado de pies y manos a una cama, resistiendo una coacción permanente del grupo médico para que autorizáramos una traqueostomía, fueron las situaciones extremas que nos llevaron a enfrentar con altivez y arrojo a la clínica y a su personal médico, pues ya en esa altura y casi en secreto, el personal de enfermeros nos alentaban y apoyaban nuestros justos reclamos.

Les explicamos a los doctores y administradores clínicos nuestra concepción de vida, que entendemos la muerte como un acontecimiento absolutamente natural, que era un proceso inevitable e irreversible, que nuestro padre estaba falleciendo no por los métodos clínicos si no por una enfermedad, que nada podían hacer pues era una ley de la naturaleza la cual no se podía transgredir a costa del sufrimiento innecesario de alguien, que ellos no eran Dios para determinar cuando debía fallecer nuestro amado familiar, que primaba el derecho de él a exigir el retiro del apoyo asistencial; aportamos los escritos donde exonerábamos de cualquier responsabilidad a la institución, convocamos junta médica, invocamos la ley, – no reglamentada aun -, la Jurisprudencia Nacional, los derechos de los pacientes, las obligaciones de los médicos, hasta la bioética y el manejo paliativo, pero todo fue en vano, ya que ellos como personal médico deciden cual es el tiempo para que alguien fallezca. Está muy consciente, nos decían; está muy lúcido, argumentaban; puede seguir con asistencia mecánica, nos explicaban, (pensarían desestabilizarlo mentalmente o esperar su reducción a un estado de locura, para cuando se viese como un ente, aceptar que era el momento adecuado.?), lo más triste: Nunca lograron interpretar el concepto de DIGNIDAD que profesaba mi padre, quien no aceptaría estar conectado, ni extender su sufrimiento o el nuestro por un infundado temor de enfrentar un proceso tan normal como es el nacer.

Luego de casi 45 días de interminables minutos revestidos de indescriptible sufrimiento, por fin y frente a nuestras amenazas de demandas civiles, penales, administrativas y de repartir responsabilidades por su destacada ignorancia sobre el tema, – a más de ahuyentar a quienes ofrecían traqueostomía a diario, incluso delante del paciente-, el más obstinado, impetuoso y frio médico jefe en turno de UCI comprendió la situación y ante una crisis del paciente, decidió no intervenir y se prescindió paulatinamente del soporte asistencial a nuestro padre, quien fue recobrando su viveza total, pudimos en esas siguientes horas hablar con él, abrazarnos, decirnos muchas cosas, rezar, despedirnos y ya al final, afianzado y puesto en mi regazo, sentir como apreciaba la eternidad y de esta manera partió tranquilamente ya con su DIGNIDAD restituida.

Valió la pena tanta lucha, valió la pena el enfrentar la prepotencia que emanaba de personas que recibieron algo de estudio sobre métodos y técnicas para prolongar un poco más la vida, quienes, al estar desprovistos de los básicos conceptos de misericordia y respeto, de nada le sirven a sus semejantes; quedando solo rimbombantes y sonoros títulos que poco representan si la caridad y compasión humana están ausentes en sus acciones.

Esta batalla no fue fácil, el dolor quedó en cada pedazo del alma, pero lograr subyugar por un momento semejante incultura y oscurantismo en este tema es un bálsamo que cubre la pena, la cual no se debería soportar si quienes tienen la responsabilidad de conservar la calidad de vida, pensaran civilizadamente y actuaran con probidad. La fundación es un centro de recolección de experiencias y es nuestro punto de encuentro. Difundir, enseñar, testificar, imponernos y avanzar es la tarea; nunca pensamos que nos tocaría pero sucedió y tuvimos la entereza y conocimiento para proteger y no desamparar a nuestro amado padre en esos difíciles momentos que al final alcanzamos a solventar con gallardía. Gracias fundación, gracias asesores, gracias emprendedores y salvaguardas de la DIGNIDAD.

Atentamente:
JORGE SANCHEZ TREJOS

Gustavo Augusto Sanchez Vinasco

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