Maria Victoria Villa, Gracias papá!!

Este es el segundo día del padre que paso sin el mío. Un vacío que nadie puede llenar. Hace dos años, en junio del 2012, lo celebramos juntos en mi casa, pero no sabíamos que iba a ser el último. Ese día ya sabíamos que se iba a operar. Había tomado la decisión a pesar de las advertencias de su médico de siempre que sabía que por la condición de su corazón era una operación muy riesgosa. Sin embargo él llevaba algunos años con una dolencia en la columna lumbar y en el coxis que no le permitía caminar más de algunos metros sin que sintiera un muy fuerte dolor. Además hacía unos años había tenido un ACV que lo había limitado mucho físicamente y en el habla, un cáncer de vejiga que le habían tratado también por algunos años, un EPOC que lo obligaba a tener oxigeno que se negaba a usar durante el día y estaba perdiendo la vista por problemas de mácula. Y con todo esto, seguía trabajando en la empresa que había creado hacía más de 60 años. Era todo un guerrero.

Después del puente de julio se internó en la clínica y no quiso entrar al quirófano hasta que mi mamá no llegara para despedirse, pues pensaba que iba a morir en el quirófano. Pero la operación fue un éxito: había que descomprimir dos raíces nerviosas , que por la degeneración de las vértebras obstruían el canal por el cual salen las raíces, reemplazando las zonas colapsadas y poniendo células estaminales que ayudan a regenerar el tejido vertebral faltante. El médico que lo operó estaba sorprendido de que mi papá hubiera podido soportar el dolor que debía tener, pero estaba muy contento con el resultado de la cirugía y esperaba que en unos días podría regresar a casa. Sin embargo los días pasaban y los médicos no le daban de alta.

Con mis hermanas y mi mamá hacíamos turnos para acompañarlo en la clínica. A mi hermana mayor le confesó que había esperado morir en la cirugía y creo que de alguna manera sabía que ya no saldría, pues le dijo también que tendríamos que cuidar a mi mamá muy bien. Una noche que decidimos dejar a mi papá con la enfermera y salir a comer y a teatro, recibimos una llamada urgente de ella, diciéndonos que mi papá estaba muriéndose. Cuando llegamos a la clínica, lo estaban reanimando. Como yo sabía que mi papá había firmado el documento “Esta es mi voluntad” de derecho a morir dignamente y que él no quería ser reanimado, llamé a un médico amigo que había llegado con los médicos de cuidados intensivos y cuando salió y le pedí que no lo reanimaran, me dijo que el documento no estaba en la carpeta con la historia que le habían abierto cuando ingresó a la clínica y me explicó que una cosa era no intervenir y otra retirar el respirador cuando se habían hecho ya las maniobras de resucitación. Lo llevaron a cuidados intensivos. Al otro día fui por el documento y pedí que lo pusieran en la historia de mi papá. Él comenzó a despertarse lentamente y a los pocos días lo desentubaron. Estaba muy desorientado y contrariado pues no entendía porqué lo habían traído de vuelta si había sentido que se estaba yendo.

Nos reunimos con el médico de cuidados intensivos para asegurarnos de que supiera de la voluntad de mi padre de no ser reanimado nuevamente. Pero no había unanimidad en la familia. Una de mis hermanas, aunque había firmado el documento de DMD como testigo hacía un año, insistía en que los médicos tenían que hacer todo lo que estuviera en sus manos para salvar a mi papá. Afortunadamente mi papá estaba lúcido y ella tuvo la oportunidad de preguntarle cuáles eran sus deseos y pudo reiterarle que no quería ser reanimado de tener de nuevo un paro. Con el acuerdo familiar y el compromiso de los médicos seguimos acompañando a mi papá en cuidados intensivos, en lo que fueron días largos y difíciles.

El ambiente de cuidados intensivos, sin puntos de referencia de espacio, de tiempo o familiares, unido a la condición y edad de mi papá, le generó un delirio que era muy doloroso y a la vez algo cómico para nosotros. En medio de esta circunstancia, los médicos comenzaron a hablar de ponerle un marcapasos. Entonces me di cuenta de que las decisiones en estos momentos no son fáciles para la familia ni para los médicos. Cuando se firma el documento de DMD, creemos que todo está absolutamente claro, pero la realidad no es blanca o negra. Hay muchas zonas grises, entre la incertidumbre, la esperanza de la familia y el voto de los médicos de curar y tratar de dar a los pacientes una mejor calidad de vida, sin saber muy bien en qué momento parar. Yo me oponía a esta nueva intervención e incluso invité a mi hermana mayor que es médica, a una reunión en la sede de DMD, buscando claridad. Al final se decidió poner el marcapasos. También esta intervención salió bien y luego de algunos días, lo dejaron salir a la habitación.

Pero a la falla cardíaca se sumaba la falla renal, los niveles de electrolitos estaban muy bajos y la condición general empeoraba. Yo me preguntaba si no sería hora de llevar a mi papá a la casa y dejarlo irse tranquilo, pero la esperanza que los médicos daban y algunos familiares guardaban, nos hacía insistir. Hasta ese viernes de agosto. Cuando llegué temprano en la mañana a tomar mi turno, vi en la mirada de mi papá una ausencia que le habló a mi intuición de que ése sería su último día. Mas tarde mis hermanas tomaron sus respectivos turnos y en la tarde regresé con mi cuñado para pasar otro rato con él. En la noche cuando me iba a ir, llegó mi hermana mayor a reemplazarme, pero muy pronto recibimos una llamada suya. Papá se estaba yendo. Llegamos muy rápido a la clínica y los médicos nos confirmaron que estaba en su fase final. Uno a uno fueron llegando los miembros de la familia y todos tuvimos la oportunidad de despedirnos y darle permiso para irse. Mis hermanas, mi mamá y yo nos quedamos a su lado todo el tiempo, acompañándolo y esperando el desenlace. Los médicos de cuidados intensivos se acercaron al cuarto y con mucha discreción y respeto nos recordaron que ellos podrían llevarlo a cuidados intensivos y tratar de mantenerlo vivo. Pero la unanimidad fue total: queríamos estar a su lado y no prolongarle más la vida. Ya él había tomado la decisión de irse, estaba listo. En la madrugada del sábado 18 de agosto, a eso de la 1:00 am, rodeado por nosotras, papá finalmente pudo dejar este cuerpo que lo acompañó todos esos años y ya no le servía.

Doy gracias por haberlo tenido como padre, lo honro, honro su vida, su ejemplo, su tenacidad, su memoria. Agradezco también por haber tenido la oportunidad de estar a su lado, tan cerca, toda la vida y también durante su enfermedad, y habernos podido despedir y rodearlo de todo nuestro amor hasta su último momento en esta tierra. Gracias papá!!

Maria Victoria Villa

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