Décima tercera homilía: La Eutanasia

Décima tercera homilía: la eutanasia

Tomado del libro “Una ilusión llamada Camilo Francisco” Autor José Benjamín Herazo Acuña Editorial Ganathec 2016

No hay leyes divinas, emanadas de DIOS, elaboradas y dictadas por DIOS. Hay leyes que los seres humanos elaboramos y que podemos atribuir a una inspiración de DIOS, es decir, que las hacemos bajo un pensamiento, un ideal, unos valores, unos principios, que creemos y estamos convencidos que nos acercan a nuestro DIOS. Los judíos elaboraron sus normas religiosas o teológicas inspirados en acercarse a su DIOS. Los islámicos las elaboraron iluminados por lo que creen le pueden ser grato a su DIOS. Los cristianos organizamos nuestro sumun de creencias y normas de vida en lo que creemos puede ser agradable a nuestro DIOS.

DIOS no nos ha dicho directamente que él es el dueño de la vida, que la vida no es nuestra, que obligatoriamente tenemos que vivir, sea como sea, bajo cualquier circunstancia, desgracia o tragedia. Esos valores, principios o criterios sobre la vida o la muerte son de origen humano y somos los humanos los que decidimos sobre nuestro quehacer, vida y muerte. Por lo anterior, la Corte Constitucional ha decidido legislar sobre los derechos relacionados sobre nuestra muerte. La muerte es nuestra, como es nuestra vida, y sobre ella podemos decidir qué hacer en casos de extrema dificultad, no sólo de enfermedad. La Corte Constitucional no ha obligado a nadie a hacerse la eutanasia, es una opción que tienen las personas que la consideren necesaria para terminar su vida. Si una persona padece una enfermedad terminal, incurable, donde ya no hay ciencia ni medicina que la ayude a vivir con dignidad y decoro, que está sometido a dolores y sufrimientos extremos, tiene el derecho a terminar con su vida, asistido por un profesional autorizado por la ley para hacerlo. DIOS no lo va a castigar y a enviar para el infierno, DIOS no se mete en sus decisiones personales. Al contrario, si una persona padece una enfermedad terminal, incurable donde ya no hay ciencia ni medicina que lo ayude a vivir con dignidad y decoro, que está sometido a dolores y sufrimientos extremos, tiene el derecho a decidir seguir viviendo, porque así lo decide, se lo inspira su fe, su religión, sus creencias y en ese caso puede pedir que le suministren los medicamentos que le impidan sentir dolores y, si esto no es posible, entonces el deberá sufrir hasta cuando muera. DIOS tampoco lo castigará por esa decisión. Otra situación. Si una persona padece una enfermedad terminal, que se cree incurable, pero que los médicos y su familia insisten en buscarle alternativas de tratamientos para curarlo o prolongarle la vida, tiene el derecho a decidir que no se la prolonguen, que le hagan ni le apliquen más nada, que lo dejen morir cuando le corresponda. DIOS no lo castigará por esa decisión. Otra situación. Los familiares de un enfermo terminal, que haya perdido su capacidad de pensar y decidir por sí mismo, tiene todo el derecho a decidir qué es lo que desean para su ser querido, que le apliquen la eutanasia, que le prolonguen la vida por medios artificiales, o que dejen que la enfermedad siga su curso hasta la muerte natural. No deben sentirse acosados o asustados con la justicia divina, porque Dios no los va a castigar, a condenar al infierno ni a quitarles la vida; eso sí, su atención por favor, que cualquiera de estas decisiones sea transparente, limpia, libre de intereses económicos, financieros, criminales o demás. Por favor dejemos de utilizar el nombre de DIOS para hacer todo lo que nos venga en gana, para amenazar, castigar, asesinar, robar o violar los derechos humanos, como es el de morir dignamente, como uno le plazca. GRACIAS mis apreciados feligreses por su atención.

Décima tercera homilía: La Eutanasia

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