La despedida de Tito Livio Caldas

 

Su partida es una declaración de principios con una profunda repercusión colectiva.

Por:  EDITORIAL |EL TIEMPO

7:57 p.m. | 26 de julio de 2016

 Con su declaración de voluntad, en la que expresó su deseo de recibir la eutanasia para evitar padecer los horrores de un cáncer, Tito Livio Caldas dio un ejemplo más de su intachable coherencia y rectitud.

Desde que se graduó como abogado en la Universidad Nacional, en 1951, dedicó toda su carrera a la defensa de los derechos y las libertades civiles. Enorme fue su empeño en la difusión y comprensión del pensamiento jurídico en Colombia y Latinoamérica a través de Legis, la editorial especializada que fundó en 1952. Gracias a este incansable trabajo como editor, recibió las máximas condecoraciones del Gobierno y del Congreso de la República, como la Orden de Boyacá. No está de más decir que el legado de su vida y su obra es hoy imprescindible en la academia de toda la región.Por esta razón, cuando el pasado 19 de julio, a sus 94 años, murió en su casa, rodeado de sus seres queridos –tal como él lo eligió–, muchos aplaudieron la coherencia que tuvo en su actuar hasta el último aliento. En su carta de despedida dijo simplemente sentirse “feliz y agradecido de haber vivido tan largamente la interesante etapa del mundo actual”. Sin embargo, la manera como se dio su partida tuvo un eco importante en la reafirmación de los derechos individuales en nuestra sociedad.

Bueno es llamar la atención respecto a que su fallecimiento tuvo lugar un año después de que por primera vez se practicara la eutanasia de forma legal en el país; un hecho que recordamos por la historia de José Ovidio González, padre de un caricaturista de este diario, que, con un terrible cáncer a sus espaldas, con coraje hizo valer su derecho –consagrado por la Corte Constitucional– a morir dignamente.

En diferentes contextos, estamos ante dos casos en los que la despedida de este mundo fue también una declaración de principios, individuales pero con una profunda repercusión colectiva. Dos reivindicaciones del derecho a que otros colombianos puedan acceder a este procedimiento, en ocasiones –y si la persona así lo decide– la única salida ante el inmenso dolor de una enfermedad terminal.

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