Gracias Mamita

 

Ya han pasado cinco meses desde el fallecimiento de nuestra mamita y esposa Elizabeth Jiménez de Enciso, la persona más importante en nuestras vidas y el epicentro de nuestro hogar.

Una mujer dulce, generosa, amorosa, tierna, sabia, inteligente, servicial, pero también con un carácter fuerte para soportar las duras pruebas que Dios le puso en su camino y con una gran capacidad de sacrificio y de entrega total a nosotros, quienes fuimos la razón de su existencia.

Siempre nos hizo partícipe de su deseo de morir sin tener que estar conectada a una máquina, “como un vegetal” solía decir. En el 2006 y como consecuencia de su determinación, se inscribió junto con mi papito a la Fundación Pro Derecho a morir dignamente.

Creo que por su gran intuición presentía que tendría que enfrentar el dolor y la postración con valentía y firmeza, ya que en el 1999 había sido diagnosticada con una enfermedad autoinmune llamada esclerosis sistémica, que afecta el tejido conectivo por acumulación de colágeno afectando la piel y por consiguiente órganos internos como pulmón, hígado, riñón y corazón.

Sin embargo a pesar que su enfermedad estaba estable, en Diciembre del 2013, sufrió una parálisis facial derecha, que como cruel signo premonitorio fue el comienzo de una travesía por instituciones médicas, exámenes de diagnóstico de alta complejidad, numerosas biopsias, largas y eternas esperas en urgencias, varias hospitalizaciones.

El 7 de Julio del 2015, nuestro mundo empezó a cambiar, cuando recibimos el diagnostico final del cirujano de cabeza y cuello; nos dio la más impactante y triste noticia, mi mamita padecía un carcinoma infiltrante en parótida derecha, estado IV, con un mal pronóstico, ya que había metástasis ósea, que le producía dolores insoportables en todo su cuerpo, sumado al hecho que no podía deglutir, fue remitida al oncólogo y al radioterapeuta con urgencia para iniciar un tratamiento paliativo.

Vino entonces todo el proceso de iniciar radioterapias tanto en columna vertebral como en el cuello donde se encontraba el tumor primario, sin embargo su cuerpo minado por el cáncer no pudo soportar más y fue remitida al programa paliativo en casa.

Sin embargo antes de ingresar a dicho programa le manifestó a su médico tratante que ella había firmado el documento “Esta es mi voluntad I” de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente y que por tanto tenía la certeza que si llegaba el momento de enfrentar una enfermedad terminal, lo haría con la templanza y entereza que siempre la caracterizo pero sin alargar tortuosamente una agonía lenta y dolorosa con procedimientos invasivos que prolongaran cruelmente su aflicción.

Durante seis largos meses, en los cuales mi único hermano Carlos quien está radicado en el exterior tuvo la oportunidad de estar con ella tres meses no continuos, compartiendo los momentos más dolorosos y angustiantes que hemos vivido, viéndola extinguirse lentamente pero con la gallardía que siempre la caracterizo.

Finalmente después de un franco deterioro físico y en un estado de caquexia, nuestra madre adorada falleció en su casa el 31 de Enero del 2016, tuvimos la fortuna y un inmenso regalo de Dios, y fue poder estar a su lado, tomándole su mano y esperando su último suspiro y estertor, que llego acompañado de una sobria tranquilidad porque ella sabía que su dolor había terminado y que se iba a un plano diferente cerca a Dios, donde no hay sufrimiento solo la paz eterna.

Por eso queremos dejar nuestro testimonio y agradecimiento a la Fundación que nos abrió la mente y nos permitió entender que el amor más grande por un ser querido es no prolongar su sufrimiento inexorablemente, sino darle la oportunidad de una muerte digna y serena liberando su existencia del dolor, la agonía y la tribulación, pero con la certeza que gozara de la bienaventuranza y paz eterna.

Muchas gracias Fundación Pro morir dignamente.

 

Familia Enciso Jiménez

Gracias Mamita