Testimonio, final de la vida de mi tio

“Tuve el privilegio de estar presente durante las últimas semanas de la vida de mi tío,  cuando murió a causa de un cáncer de huesos, que era una metástasis de  cáncer de próstata, primario. Estaba con tanto dolor que fue tratado con morfina, después de recibir otros analgésicos que  fueron perdiendo su efectividad; se negaba gradualmente a comer y a beber. Quería morir. En lugar de alimentarlo con una sonda, se le administró sólo un goteo con solución salina y algo más, para hidratarlo.

Observé con tristeza y desesperación mientras él se deterioraba; primero detuvo el caminar, luego perdió la capacidad para el auto cuidado, no volvió a comer, luego perdió el movimiento de la cabeza, por último su voz; demostraba evidentes signos de pérdida de la  conciencia.

Era muy difícil para mí estar allí y verlo, pero obviamente era más difícil para él. Sabía que había cosas que se podrían haber hecho para prolongar su vida, ya que si hubiera seguido comiendo, habría vivido por lo menos unos meses más. Él estaba en los finales de los 70 años, por lo que no era tan viejo para morir.

El hospital donde fue admitido tomó las decisiones más sensatas y difíciles para mí. En los últimos días, se le dio una habitación más grande, privada, donde también podría quedarme en las noches. Incluso tenía una nevera, un sofá y un armario para mis cosas. Poco a poco, todo el cuidado que recibió fue el lavado de su cuerpo, cambiando su posición con regularidad y recibiendo analgésicos. Los métodos más invasivos de mantenerlo vivo durante más tiempo fueron retirados lentamente. Lo más importante para el amable personal del hospital era que él estuviera con la mayor comodidad que pudieran lograr, aun en estas circunstancias.

La morfina fue aumentada de modo que él estaba en un semi-coma para aliviar su dolor y sufrimiento. Murió en gran paz, sin ningún prolongamiento innecesario de su vida, aunque me hubiera gustado haber pasado mucho más tiempo con él. Estoy muy agradecido de que el médico del hospital, así como las enfermeras a cargo de su cuidado, hablaron conmigo constantemente y me explicaron cuidadosamente lo que estaba sucediendo y por qué y cuándo era probable que sucediera. En retrospectiva, tomaron las mejores decisiones y pienso que yo, definitivamente habría tomado decisiones más pobres o prolongado esas decisiones vitales. Ciertamente era mejor para el paciente, mi querido tío, que era como mi padre para mí. Los parientes cariñosos no siempre estamos en el mejor lugar para tomar decisiones de muerte en circunstancias de mayor emoción”.

  1. K. M.
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