Amar la vida

Me vi llorando viendo la película “Amar la vida” en la última sesión de “Mirar morir” el cine foro de la Fundación DMD.

Mi padre murió a principios de este año por cáncer de intestino. Nació en una finca en el norte del Valle. Rara vez había tomado medicinas o visitado al médico durante su vida; era muy filosófico acerca de la vida y la muerte. Vivía solo, pagaba todas sus cuentas y hacía sus propias compras. A  los 72 años fue operado por una obstrucción intestinal y el médico le dijo que necesitaba quimioterapia después de la extirpación de lo que le dijo  era cáncer de intestino. Él dijo que no quería quimioterapia. Mis hermanos y yo estuvimos de acuerdo en que si él no quería quimioterapia, entonces estaba bien. Lo conocíamos y respetamos sus deseos. Los “profesionales médicos” entonces nos acusaron de querer matar a mi padre, nos dijeron  que tenía depresión mayor y necesitaba terapia con antidepresivos para que pudiera pensar acerca de aceptar la quimioterapia cuando no estuviera deprimido. Así que contra todos sus deseos le dieron los antidepresivos y le aplicaron 4 sesiones de quimioterapia. Se puso delirante y en última instancia no sabía quién era o dónde estaba. Ni siquiera conocía a su propia familia. Pasamos por mucho dolor y, en última instancia, lo trasladamos a una casa de personas mayores, ya que era incapaz de cuidar de sí mismo.

Mis hermanos y yo estábamos traumatizados por esta experiencia y muy asustados, así que acudimos a la Fundación DMD por orientación. Sentimos que teníamos algo que decir y no habíamos encontrado donde nos escucharan, nos parecía que el control estaba todo en manos de los médicos.

Encontramos un espacio cálido, serio y comprometido, que nos fue aclarando nuestras dudas, nos dio una luz para atender a nuestro padre de una forma más humana, con su orientación buscamos la ayuda de un médico de cuidados paliativos, lo regresamos a su finca, le suspendimos la droga psiquiátrica, le dimos alivio a los síntomas que presentaba la enfermedad y lo acompañamos en sus últimos días, en su entorno, con su perro y sus gallinas, sonriendo y agradeciéndonos  haberle respetado su voluntad.

Amar la vida