Saber que en Colombia puedo optar por la eutanasia, me da una gran paz

 

“Creo firmemente que el sistema médico no está manejando el cuidado de fin de vida con compasión y con el reconocimiento del derecho de los pacientes a elegir una muerte digna y pacífica si la calidad de vida se pierde.

Me resulta muy difícil creer que cualquier persona con una “pizca” de compasión puede negar a aquellos que han perdido la calidad de vida, ya sea por degeneración o enfermedad terminal, el derecho a elegir una muerte digna y pacífica, siempre que ésto se haya documentado en un documento “Esta es mi voluntad”, mientras se tiene mente sana.

Cuando el final está cerca, lo mejor es evitar el hospital; el sistema de salud está orientado a tratar activamente a los pacientes, no a reconocer a los moribundos.

Me gustaría tener un tatuaje en mi pecho “Si voy a perder la calidad de vida, por favor, déjeme morir con dignidad ”

Hay miles de pacientes en hospitales y hogares de ancianos, sin calidad de vida, constante e indefinidamente esperando la bendición de la muerte para liberarlos de su desesperación.

Si alguna vez tengo la desgracia de estar en la misma situación, espero que haya un doctor comprensivo que me permita terminar mi vida de una manera digna y pacífica.

Si pierdo la calidad de vida no quiero ningún tratamiento médico que prolongue mi vida y no quiero ningún sustento o fluido, aunque me lleve varios días morir.

Saber que en Colombia puedo legalmente optar por la eutanasia, en caso de una enfermedad en etapa terminal, me da una gran paz.

Soy un veterano de la guerra de Corea tengo 85 años de edad y siento una gran tranquilidad al saber que puedo tener asistencia médica para morir de una manera digna si pierdo mi calidad de vida. Es mi firme opinión que prolongar la vida cuando se pierde la calidad de vida es un destino peor que la muerte. Es inhumano dejar sufrir a los que han perdido la calidad de vida, ya sea por una enfermedad terminal o el deterioro de una persona que padece demencia, Alzheimer y / o incontinencia.

Los tiempos han cambiado, anteriormente no había hogares de ancianos, a los padres los cuidaban en casa, el médico de la familia venía cada dos semanas para revisarlos, darles recetas y cuando perdían la calidad de vida invitaba a una conferencia familiar y estaba dado el permiso para aliviarlos con analgésicos, ésto fue sólo compasión, no hubo mención de la eutanasia.

Mi fuerte creencia en el derecho de todos a hacer una elección para la eutanasia si pierden calidad de vida ha sido influenciada por dos sucesos familiares.

El primero, un fumador fuerte con cáncer de garganta que se deterioraba rápidamente; podía oírle jadeando cuando entré al hospital, no podía hablar, no reconocía a nadie y estaba siendo alimentado por vía intravenosa. Afortunadamente pude persuadir a un simpático médico para aliviarlo de una manera digna.

El segundo, un compañero que sirvió conmigo en la guerra de Corea y siempre expresó el deseo de no quedar confinado a un hogar de ancianos, su médico puso su brazo alrededor de él en mi presencia y le dijo: “No te preocupes Tom cuando llegue el momento te aliviaré”. Esto le dio a Tom una gran tranquilidad; sin embargo, Tom fue trasladado a un asilo de ancianos y le dieron medicamentos para sostenerlo, vagando por la noche y llorando, molestando a los otros pacientes. Se deterioró muy rápidamente, se convirtió en una persona con los intestinos y la vejiga incontinentes, se postró en la cama, incapaz de comunicarse y no reconocía a nadie. Cuando me acerqué a su médico para pedir ayuda, dijo: “lo siento, no puedo hacer nada por él ahora, ya que todos los medicamentos tienen que ser registrados en un hogar de ancianos”. Se le permitió a Tom permanecer en su cama en este estado durante 15 meses, un destino extremadamente cruel para alguien que había servido a su país con distinción.

En conclusión permítanme dejar claro que no es mi intención imponer mis opiniones sobre nadie, sin embargo considero que la eutanasia debe ser una opción para aquellos que han expresado su voluntad de solicitar la eutanasia en el documentos “Esta es mi voluntad II” de la Fundación DMD

Saber que en Colombia puedo optar por la eutanasia, me da una gran paz