Aunque es un tema que genera muchas controversias, nunca está de más abordarlo

¿Te has preguntado alguna vez cómo te gustaría morir? Por lo general, cuando ese cuestionamiento se adentra en las sienes y se queda atascado en el pensamiento, la respuesta que resuena es: “morir sin dolor, ni sufrimiento”. Sin embargo, en la cotidianidad de la vida y del transcurrir de los días, la realidad nos suele demostrar contextos completamente diferentes a lo que esa contestación nos da. Lo evidente se suele observar en circunstancias en donde la existencia es arrebatada a través de homicidios, suicidios, accidentes y hasta incluso en muertes prematuras que se presentan en la etapa de gestación cuando tan solo somos una pequeña proporción de vida.

Entonces surgen las dudas de cómo se debe actuar ante ciertos momentos, en especial cuando el principio de incertidumbre nos genera una gran ambivalencia ante nuestras decisiones. Como es el caso tal de perpetuar lo inevitable en el tiempo, en este sentido de cómo se presenta la muerte. Hablar desde lo moralmente correcto, la ideología, la religiosidad, el dogmatismo y la falta de empatía es muy fácil; porque siempre resulta más sencillo no hablar y no actuar desde dentro, desde lo que se vive y lo que se siente, desde lo que se cala en los huesos y quiebra las entrañas.

Resulta que el derecho a morir se hace evidente en una cama, en donde un ser humano queda postrado ante ciertos elementos y equipos médicos que le dan cierto “sentido de vida”, y el estar artificialmente animado solo prolonga un acontecimiento que tarde o temprano sucederá. Morir dignamente debe significar generar conmiseración y misericordia por un ser humano que está en una etapa terminal y que merece indiscutiblemente un adecuado descanso.

Sin embargo, estamos en una sociedad hipócrita que constantemente se alarma por casos como estos, en donde tildan como “gente sin alma” a las personas que toman la decisión de efectuar la eutanasia a sus seres queridos o a los pacientes que han declarado su elección ante el personal médico. Y es esta misma sociedad que ignora y es indiferente ante muchas circunstancias más que se viven en el mundo entero y que están asociadas con morir.

El ser humano solo se ve cómodo entre polaridades, porque el miedo de ser auténtico en tomar una decisión lo vuelve ante los demás un ser vulnerable. Hasta que no asumamos una verdad en relación ante como queremos vivir y cómo queremos morir, con voluntad y convicción propia, no tendremos esa certeza de estar teniendo un derecho a la vida o un derecho a la muerte.

Por: ANGELA ISABEL VILLALBA LÓPEZ

Tomado de: https://www.las2orillas.co/de-la-eutanasia-y-el-derecho-a-morir/