Se nos anuncia el próximo envío al telar parlamentario de una ley sobre la eutanasia y se abre con ello la sólo aparente oposición entre la misma y los cuidados paliativos, siendo así que la regulación de la eutanasia y la de dichos cuidados paliativos no son contradictorias sino complementarias.

La eutanasia tiene dos definiciones en el DRA. La primera es “intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectivas de vida”, mientras que la segunda, más concisa y referida especialmente a la medicina, es “muerte sin sufrimiento físico”. Sobre los cuidados paliativos para evitar esos sufrimientos poco hay que decir. El debate sobre la eutanasia no se extiende a la aceptación, de los cuidados paliativos en su sentido estricto.

Lo que se suele orillar es que tanto la eutanasia como los repetidos cuidados tienen mucho que ver con un derecho a morir que, en mi opinión, es absolutamente personal e irrenunciable. El derecho a los cuidados paliativos se sitúa a nivel inferior y en su conformación legal depende de las circunstancias, principalmente económicas, de una determinada sociedad. La existencia de un buen sistema de cuidados paliativos no implica el rechazo de la eutanasia ni, lo que es más importante, del derecho a disponer de la propia vida.

La eutanasia puede entenderse como una modalidad, legalmente permitida, de disposición sobre la propia vida en ciertos supuestos. El sistema de cuidados paliativos sólo sería una circunstancia para optar o no a seguir viviendo en los casos previstos para tal ayuda.

Del derecho a morir me he ocupado ya en dos columnas de este diario, la primera el 19 de junio de 2018 y la segunda el 12 de junio de 2019. Me remito a su lectura.

Desde el libro de Jiménez de Asúa “Libertad de amar y derecho a morir” ha llovido mucho hasta hoy. Las concepciones religiosas que ven en el suicidio un pecado gravísimo con todas sus consecuencias, incluso para el lugar de inhumación del suicida, siguen siendo muy respetables, pero no pueden servir para limitar o anular los derechos del prójimo. Nadie, ningún consenso y menos todavía una mayoría social puede privar a una persona de su derecho a la muerte como el envés de su derecho a una vida cuyo origen ha sido, además, ajeno a su voluntad.

El Tribunal Constitucional alemán se pronunció sobre esta cuestión a propósito de la tipificación (anulada) del delito de asistencia profesional y retribuida de la muerte voluntaria. El suicidio mismo no suele castigarse en los códigos Penales, empezando por los españoles, aunque cabría hacerlo con el suicida frustrado, como es normal en las acciones delictivas.

Bien estarán las precauciones para evitar decisiones impremeditadas, a la vez que irrevocables, o salir al paso de manipulaciones por parte de terceras personas. También habrá que aplicar la objeción de conciencia a quienes se nieguen a prestar ayuda al suicida, pero salvando siempre el derecho a la muerte sin cortapisas o beneplácitos oficiales que coarten nuestra libertad personal y atenten contra nuestra dignidad.

Por: José Luis Manzanares

Tomado de: https://www.republica.com/el-clavo/2020/09/16/eutanasia-cuidados-paliativos-y-derecho-a-morir/