La mirada tras el espejo roto: perderse dentro de uno mismo
Desde su infancia presentaba baja autoestima, aislamiento social, profunda tristeza e insatisfacción, sentía que era una carga para su familia y a los 23 años, Juan Carlos comenzó a habitar un universo distinto, uno donde la realidad se fragmentaba y la mente tejía sus propios laberintos, su incapacidad para relacionarse con otras personas, la falta de amigos y de una pareja duradera fue el detonante de sus decisiones futuras.
Fue entonces cuando la esquizofrenia cobró nombre en sus vidas y se instaló como una sombra persistente que bloqueaba cualquier rayo de luz. Ese año recibió el diagnóstico médico de “esquizofrenia paranoide”. A lo largo de los años, su diagnóstico se fue complejizando: trastorno esquizoafectivo, trastornos psicóticos no orgánicos, ansiedad generalizada, depresión mayor, trastorno de la personalidad emocionalmente inestable, etc. Los 11 años en los que se sometió a tratamientos médicos para aliviar sus síntomas, fueron incluso nocivos ya que entre otros aspectos, lo llevaron a un aumento significativo de peso, alcanzó una obesidad tipo 2, y siempre que asistía a consultas, cada etiqueta médica intentaba nombrar un sufrimiento que no cabía en palabras. La tregua nunca llegó.
Juan Carlos vivió en constante una lucha contra sí mismo, con una mente que le hablaba en voces ajenas, que le hacía sentir perseguido, aislado, incomprendido, cada vez se afectaba más su salud mental y los tratamientos lejos de mejorar su situación, contribuían a su deterioro físico y mental. Su vida cotidiana se tornó en una batalla constante debido a la serie de diagnósticos devastadores que lo llevaron a enfrentar una fatiga abrumadora, dificultando el desarrollo de las tareas más simples, cada vez más su vida afectiva se fue apagando, y con ella, los vínculos, las amistades y sus sueños.
A lo largo de los años, el dolor se fue acumulando como capas de niebla sobre su historia. Cargaba con la culpa de una pérdida imposible de nombrar: la muerte de su madre, a quien sentía que había empujado al abismo por el peso de una relación que no se pudo sostener entre ambos. Esa herida, nunca cerrada, se convirtió en eco constante en su mente.
El eco de un sufrimiento, memoria de una batalla interna y una despedida elegida.
Juan Carlos, quien había vivido 35 años en un cuerpo que no siempre fue refugio, creció con la inquietud de quien busca comprender el mundo. Su vida transcurrió en un entorno complicado, atormentado por el Bullying y difíciles relaciones interpersonales, lo cual le impedía disfrutar con las personas más cercanas y conservar amistades duraderas. Aunque contaba con el acompañamiento de sus padres, la relación familiar se había tornado complicada, marcada por el dolor compartido y la impotencia ante una condición mental que nunca dio tregua.
Sin embargo, siempre fue un soñador y apasionado por el estudio y las ciencias sociales, se formó como politólogo, imaginando transformar realidades desde el pensamiento, entre ciudades y proyectos truncados. Inició estudios de maestría en Estados Unidos y España, donde intentó construir un futuro académico que la enfermedad desdibujó poco a poco por las severas crisis de paranoia. Lejos de su hogar y círculo de apoyo. La esquizofrenia lo llevó a interrumpir sus estudios y una vez más a renunciar a sus sueños.
Si, fue politólogo pero no pudo ejercer en política a pesar de que le apasionaba, porque de acuerdo con sus médicos, este era un ambiente muy estresante para su patología y de este modo se vio obligado a laborar en actividades que no correspondían con su esfuerzo y formación profesional, como, por ejemplo, en turismo, lo cual le resultaba sumamente doloroso y lo consideraba un traición a su vocación.
En los pocos trabajos que pudo tener, su capacidad de concentración se veía severamente comprometida por la ansiedad. Le perturbaba su permanente falta de energía, la incapacidad para retener información y seguir instrucciones, esto lo llenaba de preocupación constante vivía con la idea de que no iba a cumplir las expectativas de su trabajo
Cada vez que Juan Carlos parecía encontrar una luz, la enfermedad lo arrastraba de nuevo hacia la oscuridad. Su vocación, su deseo de comprender el mundo, se fue desdibujando entre hospitales, trámites y tratamientos que no lograban silenciar el ruido interior.
No por desesperanza, sino por la lucidez de quien ha comprendido que su sufrimiento no es una falla, sino una forma de existir que merece ser reconocida con respeto.
Con el paso del tiempo, se sintió cada vez más lejos de lo que alguna vez imaginó para sí. Su relato estaba lleno de tristeza, de resentimiento hacia un entorno que no lograba entenderlo, y de una profunda necesidad de descanso. La esperanza se volvió una figura lejana, y el deseo de alivio comenzó a ocupar el lugar que antes habitaban los sueños.
El proceso de la esquizofrenia…
El cuerpo de Juan comenzó a resentir los embates del tratamiento. Los medicamentos –venlafaxina, clonazepam, quetiapina, sertralina, litio, risperidona, entre muchos otros– le ofrecían alivio parcial, pero a cambio le dejaban temblores, somnolencia, depresión anhedonia, hiperprolactinemia, aumento de peso, eyaculación retrógrada y una fatiga que no era sólo física.
Así después de más de una década marcada por intentos de suicidio, en 2023 pidió ayuda para morir.
Contactó a la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente – DMD y suscribió un Documento de Voluntad Anticipada (DVA). En virtud de esto fue remitido a la Clínica Jurídica de la Salud y el Derecho a la Muerte Digna (CJS.DMD) donde inició un acompañamiento que no solo fue legal, sino multidisciplinar y profundamente humano. Juan caminaba entre ruinas, con el corazón lleno de preguntas sin respuesta, buscando en el derecho a morir dignamente una forma de recuperar el control sobre su historia.
Para esa época, cuando se realizó la primera entrevista con el equipo de la Clínica Jurídica de la Salud, Juan Carlos no tomaba sus medicamentos. No por olvido, sino por cansancio. Los síntomas adversos eran tan fuertes que prefería enfrentar el dolor sin filtros antes que seguir soportando los efectos adversos de su tratamiento, su condición no era solo física, sino existencial. Juan, no quería morir como algo que se desea con ilusión, él necesitaba el alivio de la muerte.
Intervención de la Clínica Jurídica de la Salud y el Derecho a la Muerte Digna, de la Universidad Cooperativa de Colombia, campus Medellín…
La CJS.DMD recibió la historia de Juan Carlos con respeto. Se inició el acompañamiento, se realizo la solicitud de eutanasia a su EPS, y una vez activada la ruta, antes de asistir a la cita con medicina general, él tuvo un nuevo intento de suicidio. Fue hospitalizado durante varias semanas, era un cuerpo que ya no quería seguir resistiendo.
Posteriormente regresó a la Clínica Jurídica de la Salud y decidió acceder a la Estimulación Magnética Transcraneal -EMT-: fueron treinta sesiones dolorosas, él acepto este tratamiento con el propósito de disipar los obstáculos que aún se interponían en su camino hacia la eutanasia y por qué no, quizá, éste le diera una esperanza de una buena vida, cada impulso eléctrico parecía una súplica silenciosa por el descanso.
La decisión…
En medio de tanto dolor físico, pero ante todo del sufrimiento mental, Juan Carlos estuvo adherente al tratamiento y buscó todas las ayudas para mejorar su condición, conservó sus facultades mentales con la lucidez suficiente para que no le impidieran tomar decisiones sobre su vida, sin embargo, luego de terminar la EMT reiteró su decisión de acceder al derecho a morir en dignidad.
No lo hizo desde la desesperación, sino desde una convicción: su sufrimiento era irreversible, y su vida se había convertido en una espera sin horizonte. Juan solo quería descansar y aliviar ese sufrimiento que con ningún medicamento cesó.
La Clínica Jurídica recibió a Juan Carlos, él nos compartió su relato, su conocimiento sobre el Derecho a Morir Dignamente y las razones que sostenían su decisión. Se identificó que cumplía dos de los tres requisitos exigidos por la ley: una enfermedad grave e incurable y un sufrimiento intenso. La valoración del tercer requisito -el consentimiento derivado de la capacidad de decidir- se dejó al criterio clínico.
Un camino pedregoso; el trámite para la eutanasia.
La CJS.DMD ofreció acompañamiento jurídico y psicológico para Juan Carlos y su padre. De esto modo fueron atendidos por profesionales de la salud mental de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, quienes les dieron guía durante el doloroso momento por el cual atravesaban. Sin embargo, la decisión de Juan de acceder al DMD fracturó el vínculo con su padre, quien se mostró reticente a acompañarlo en el último tramo.
Una vez radicada la solicitud formal (petición de eutanasia) ante la entidad de salud, comenzó una nueva etapa marcada por obstáculos. La EPS respondió con evasivas y no se conformó el Comité Científico Interdisciplinario para el Derecho a Morir con Dignidad que debía analizar la solicitud de Juan Carlos. En cambio, se ordenaron una y otra vez citas con cuidados paliativos, medicina interna, psicología y psiquiatría, sin que alguna de estas especialidades pudiera desvirtuar que Juan cumplía con los tres requisitos para acceder a la eutanasia, incluida la capacidad de decidir.
Ante esta situación y la omisión en la conformación del Comité se interpuso una acción de tutela por vulneración del derecho a morir con dignidad.
El fallo de tutela fue claro: ordenó que en 48 horas se hicieran las valoraciones que estuvieran pendientes y que en el mismo periodo se conformara el Comité Científico Interdisciplinario para el Derecho a Morir Dignamente. En este contexto, la EPS ordenó una nueva valoración, un Staff de psiquiatría. El Staff nuevamente concluyó que Juan aún con el diagnóstico de esquizofrenia, no tenía elementos psicóticos, afectivos cognitivos o comportamentales que le impidieran tomar decisiones, su juicio y raciocinio estaba conservado y contaba con plena capacidad para decidir.
Pero, las barreras no cesaron. Pese a que Juan Carlos tenía un DVA suscrito en 2023 con la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, se le exigió repetir el Documento de Voluntad Anticipada pero en este caso con dos testigos.
Exigir un DVA a una persona que actualmente puede expresar su voluntad es un sinsentido, pero, además, pedirle que repita uno que ya tiene es una arbitrariedad que constituye una vulneración de su derecho a la muerte digna.
Las barreras.
Durante el trámite, constantemente se le cuestionó a Juan su titularidad del derecho a la muerte digna. Durante las citas médicas y las conversaciones telefónicas con funcionarios de su EPS se le señaló que él no cumplía con las condiciones para acceder a la eutanasia, como no padecer una enfermedad terminal o aun tener alternativas de tratamiento. Esto profundizó su sufrimiento y vulneró gravemente su derecho a morir dignamente por lo cual el 27 de mayo de 2025, la CJS.DMD promovió un incidente de desacato por la no conformación del Comité Científico Interdisciplinario para el Derecho a Morir con Dignidad, dentro de las 48 horas siguientes al fallo, evidenciándose una omisión grave en el cumplimiento de la orden judicial.
Finalmente, después de todas estas trabas administrativas Juan Carlos recibió el día 28 de mayo de 2025 su tan anhelada noticia: “El procedimiento había sido aprobado”, lo que marcó el cierre del proceso.
• El Comité autorizó el procedimiento y la fecha fue elegida por él, el mismo día: su procedimiento sería realizado el 5 de junio de 2025. Ese día Juan fue acompañado por su familia.
Esta fecha no fue solo un día en el calendario: fue el día que él eligió como quien escoge el último verso de su poema, el cierre digno de una vida que había sido lucha, resistencia y búsqueda incansable de paz.
En la última entrevista con la CJS.DMD, su rostro hablaba más que las palabras. Estaba feliz. Profundamente feliz. Había gratitud en sus ojos, una alegría serena que no se parecía a la euforia, sino a la plenitud.
¡Juan Carlos venció!
¡Tras la batalla logró la garantía de su derecho a la muerte digna!
Juan Carlos no pidió morir. Pidió que lo dejaran descansar. Que se reconociera su humanidad más allá del diagnóstico. Que se entendiera que la salud mental también puede doler en silencio, que hay cuerpos que no sangran, pero se desgarran por dentro. Su historia no es solo clínica: es un llamado a mirar con otros ojos, a escuchar con otros oídos a acompañar con otra sensibilidad.
Porque Juan Carlos fue mucho más que un paciente: fue un ser humano que resistió con dignidad, que buscó sentido en medio del caos y que, al final, eligió la paz como su último acto de libertad…
Reflexión final
El caso de Juan nos afirma que la autonomía no se extingue frente a una enfermedad mental, sino que exige ser reconocida y respetada con mayor sensibilidad. El hecho de que siguiera sus tratamientos demuestra que su decisión no nació de un capricho, sino de un camino recorrido con disciplina en la búsqueda incansable de alternativas para aliviar su sufrimiento.
Una enfermedad psiquiátrica no anula la dignidad, ni la autonomía. Su voz, clara y persistente, recordó que incluso en medio del sufrimiento más profundo, la voz del que sufre no puede ser olvidada, marginada, ni ignorada, por el contrario debe ser escuchada y respetada y aquí estamos las Clínicas Jurídicas para ello.
“Defender casos como el suyo es afirmar que los derechos no se negocian con el dolor, sino que se garantizan con humanidad”.
CJS.DMD es la Clínica Jurídica de la Salud y el Derecho a la Muerte Digna de la Universidad Cooperativa, campus Medellín. El nombre del protagonista fue cambiado para proteger su identidad y privacidad.